martes, 19 de octubre de 2010

Es que esto es Carcelona


Hace unos días apareció publicado en El Mundo el artículo que adjunto a continuación. Me hizo reír bastante ya que:
1. Yo solía ser fanático de las películas de Woody Allen, al punto de ir el primer viernes de estreno y si podía, a la primera sesión, la de las 4. Desde la infame Vicky Cristina Barcelona, decidí que ya no vería ninguna más. No reniego de los grandes momentos que nos hizo pasar Woody pero el abuelete simpático debería entender que ya le ha llegado la hora de dedicarse a la petanca o a sus ligues y no a manchar su reputación.
2. Fui durante un par de años adolescentes miembro del club de fans de Bruce Springsteen de Carcelona. Recuerdo una tarde de sábado en un local de la Sagrera donde nos encontrábamos para intercambiar discos piratas o para meternos con su mujer, la ínclita Patty Scialfa. No sé en qué momento dejé de escuchar sus discos. Quizás cuando me di cuenta que llevaba años tocando la misma canción.
3. Felipe González nunca fue santo de mi devoción. Seguramente debido a que crecí en un entorno "convergent" donde los socialistas se me presentaban como aquellos que creían en el comunismo a la carta, o sea lo mío es mío y lo de lo demás es de todos. Felipe es como el Rey Juan Carlos, se ha sabido construir una imagen campechana y dicharachera que le va de maravilla en su faceta de ex-presidente e ideólogo de todo a cien.
Asi que, a pesar de alguna divergencia con el tal Sostres (la parte final ejem), estoy de acuerdo en que nada bueno se puede esperar de una ciudad que idolatra a estos tres personajes.

Es que esto es Barcelona

Estuvo ayer Felipe González en Barcelona presentando su nuevo libro, un soporífero tostón sobre Europa, en medio de una extraordinaria afluencia de público. Barcelona mantiene este tipo de euforias con algunos personajes. Felipe González es uno de ellos. Otro es Woody Allen; sus películas son vistas en mi ciudad más que en cualquier otra capital europea. Con Bruce Springsteen el delirio es también extremo, y más desde que tiene el detalle de dirigirse en catalán al público que asiste a sus conciertos. Se trata siempre de ídolos relativistas, que creen en todo y en nada, y que basan su discurso en que lo mismo vale una cosa que la otra. El socialismo de Felipe es el que robó y secuestró y mintió y nos espió; las películas de Woody Allen difunden una idea muy pobre de la vida y aún más barata del amor; Bruce es un camionero que grita, se tira botellas de agua por encima y juega a resbalar de rodillas por los escenarios. Sus conciertos de tres horas son insoportables.


No son éstas las únicas fascinaciones de Barcelona, la ciudad que lleva más de 30 años gobernada por socialistas. Cuando Arafat murió y se siguió el rastro de las cuentas bancarias que recogían la solidaridad internacional con Palestina, éstas estaban todas desviadas a Suiza e iban a parar directamente a los bolsillos del ex terrorista. La ciudad que, en términos relativos y absolutos, más había contribuido al fenomenal engaño fue, por supuesto, Barcelona. La misma ciudad que batió el récord de participación en las manifestaciones contra la globalización y la Guerra de Irak, y también en la que más gente se desnudó en medio de la calle para atender los caprichos de aquel fotógrafo degenerado y chiflado.


También somos la capital de la cloaca antisistema, desde el consejero de Interior hasta los delincuentes que asaltan propiedades ajenas, ocupándolas, o tiendas para robar pantalones tejanos. La autoridad no tiene ningún prestigio.


Entre la grosería de Springsteen, el cinismo tan espeluznante de Felipe y estas recientes películas de Woody Allen que quieren convencernos de que sólo podremos ser felices acostándonos con dos a la vez, sean tíos o tías, era de prever que la degradación sería imparable. Todo va tomando estética como de fiesta del barrio de Gràcia, cenas en la calle con manteles de papel y cerveza caliente en vasos de plástico, olor a hierba prohibida y jaleo de madrugada cuando como fin de fiesta algunos okupas queman containers y se lían a pedradas contra la Policía.


La situación es, en su conjunto, tan demencial que dan ganas de encerrarse en Via Veneto y no salir nunca más. Cuando tengo que explicar lo que le pasa a mi ciudad, que, por otro lado, es hoy la capital gastronómica del mundo o la que cuenta con los mejores oncólogos del momento, esta ciudad mía igualmente capaz de brillantez y de vulgaridad, suelo recurrir a la mítica sentencia de un antiguo socio que teníamos en la República Dominicana. Un día, paseando entre sinuosos cuerpos de biquini escaso por Punta Cana, le pregunté: «Oye, Rubén, ¿no crees que aquí las chicas van un poco sueltas?». Y con la mirada puesta en una que pasaba, me respondió: «No es que sean putas, es que esto es el trópico».

lunes, 11 de octubre de 2010

la estrategia doméstica


Todo empieza con una llamada. Quiero ver "Tragedia de los comunes", digo. ¿Qué día?, preguntan. El miércoles, respondo, si es que hay sitio. Claro, no te preocupes. Anota la dirección, me dice la voz al otro lado del teléfono. Calle Valencia... Perfecto, contesto, allí estaré. Llega el miércoles y a media mañana, recibo otra llamada. Mira, eres uno de los dos impostores, me hace saber la voz. No puedes decírselo a nadie. Tu objetivo es que no te descubran. ¿Tienes una camiseta negra? Pues llévala puesta. A las 8 en la calle Valencia. Me quedo pensando todo el día en qué significa ser un impostor. A las 7.40 recibo un sms: "la otra impostora se llama cristina". Empiezo a ponerme nervioso. Llego cinco minutos antes. En la puerta, gente conocida, Rubén de Teatron, Pablo, de Sismo. Luego me entero que también están los organizadores. Subimos por la escalera y entramos en un apartamento no muy grande, coqueto. Mi amigo David ya espera en el sofá con una copa de vino. Hace unos días le dije que vendría a esto y se apuntó también. Su presencia me tranquiliza. Somos 8 personas en la sala y una computadora desde donde salen las instrucciones para jugar. Empezamos. No cuento más. Es el primer día de La Estrategia Doméstica, un nuevo festival que ha nacido en Carcelona. Quim Pujol y Sergi Faustino, los padres de la criatura, han decidido regalarnos esta estupenda idea que se ha desarrollado en diferentes domicilios particulares de la ciudad. De 8 a 15 espectadores hemos sido invitados a compartir espacio con creadores que buscan algo más que un espectáculo. El segundo día, por ejemplo, la cita es en un local en el barrio de Poble Sec. Allí unos asturianos nos hablan de fantasmas a los que les gusta el mar y de cerditos en crisis de pareja. Todo muy bizarro pero también muy familiar, casi autoreferrencial. El tercer día termino en un piso de l'Eixample viendo un documental de Mónica Muntaner. Finalmente, el sábado comparto vermut y buena música con Javi Alvárez y sus colegas. Más allá de la calidad o interés de cada una de las propuestas, lo más interesante ha sido lo que ha sucedido alrededor. Antes de empezar, con el ritual de la llamada, de la reserva, de las pistas en algunos casos. Luego el momento de extrañeza al entrar a una casa ajena. El vino, siempre presente. La tertulia posterior entre los ejecutores y el público, a menudo mezclados unos con otros, sin una distinción clara entre quién era quién. Paralelamente, se han organizado unos almuerzos caseros en La Poderosa con una posterior charla a cargo de especialistas. Todo ello en un ambiente informal, casero, cercano, con rigor pero sin pretensiones ni pedanterías. Una experiencia que me ha hecho pensar en las obras que monta Manuel Orjuela en su apartamento en Bogotá, en las zonas temporalmente autónomas de Hakim Bey, en la ONG de Nelson Garrido, etc. Estrategias similares, complicidades parecidas, actos de resistencia necesarios en estos tiempos en los que todo es demasiado previsible y aburrido.

Quim y Sergi, gracias y felicitaciones. Cierro con una reflexión de Pániker, de su Cuaderno Amarillo.

Una persona creativa actúa, no persiguiendo un objetivo, sino precisamente para averigüar cuál es el objetivo a perseguir. Así, de entrada, una persona creativa nunca sabe lo que quiere. Pero se trata de acertar. Se trata de trascender la disociación entre los medios y los fines, aproximarse, en medio del azar, a la gracia. ¿de qué manera? ¿Cuáles son las condiciones del acierto? Lo decisivo es alcanzar la cota de no-alternativa, que es el resultado de conducir las propias opciones hasta el límite. Nada de imperativos éticos, nunca creí en los imperativos éticos; se trata de llevar la libertad hasta el acorralamiento, hasta una situación de no alternativa, conciliando el valor (courage) con el desinterés...
...Digamos pues que la libertad está en el tao, dejando en libertad al instinto en un marco de desprendimiento. Entonces no necesitas deliberar; entonces aciertas. Comprendes que para tomar decisiones no es preciso dar muchas vueltas; lo indispensable es adelgazar, eliminar condicionamientos, ganar libertad. Una vez soltado el lastre, una vez alcanzado el nivel adecuado de desprendimiento, se deja que actúe el instinto y que las piezas actúen por sí mismo.

martes, 5 de octubre de 2010

Antisistema somos todos


La palabra antisistema lleva días apareciendo en la prensa catalana. Es un colectivo imaginario formado por okupas, antiglobalizadores, anarquistas e incluso -Intereconomía dixit- vegetarianos, los cuáles, como todo el mundo sabe, son muy peligrosos ya que al follar menos -se pierden el poder afrodisíaco de la carne de cerdo- están más nerviosos que la mayoría y, añado yo, también por los animalistas -esa nueva especie de alto peligro que ha surgido últimamente- a los que se les pega la agresividad perruna, de tanto cariño que les profesan. Lejos quedan los tiempos en los que una madre orgullosa les decía a su amigas: "mi hijo es okupa", como quien dice es ingeniero o es abogado. Eran los tiempos, no tan lejanos, en los que algunos hijos de altos cargos del Ayuntamiento lo eran también. Bueno, eran okupas del modelo Carcelona, o sea de diseño, de los que okupan pero llevan la ropa a lavar a casa de la mamá porque en Carcelona, incluso a los okupas se les exige rigor estético y ropa limpia. Que una cosa es ser okupa y otra ser un guarro. Que si el Sónar ha sido designado icono turístico de Catalunya no es por la música, no nos equivoquemos, es por el estilazo de los que participan del tinglado. Desde mi amigo David Puente y sus ya míticos disfraces hasta las guiris tatuadas que pasean orgullosas a sus angelicales retoños colocadas de mdma. Los que van al Sónar no son antisistema, claro, son gente con criterio musical y mejor gusto para la ropa. Los antisistema, según nos cuenta la prensa del régimen, o sea casi toda, vienen de toda Europa a destrozar las calles de Carcelona. Es el cuento de siempre. La culpa es de los de fuera. Ya sea los madrileños centralistas, los extremeños gandules o los moros ladrones, siempre el recurso fácil: somos tan buena gente, tenemos ese carácter tan solidario y abierto que vienen de afuera a joderlo todo. Ahora nos quieren convencer de que el espíritu de libertad que se vive en Carcelona -palabras del alcalde enamorado- hace de efecto imán sobre estos alborotadores de la Internacional Destructora de Mobiliario Urbano Es más fácil, y tranquilizador, creerse ese bulo y no pensar que a gran parte de la población le sobran los motivos para estar cabreada. Los que quemaron el coche de la Guardia Urbana vendrían a ser el ala radical, los hooligans, los "Boixos Nois" de un colectivo, los antisistema, al que cada vez más gente pertenecemos. Si se confirman los pronósticos y menos del 50% de la población vota en las próximas elecciones, entonces el sistema ya no tendrá ni legitimación.

Lo explica muy bien Gregorio Morán en La Vanguardia,

La huelga ha demostrado que incluso sabiendo que el combate estaba amañado, la indignación del personal ha subido tantos grados que siguen a unos sindicatos cuya credibilidad supera, por ínfima, la de la clase política. Nuestro barómetro social está que se sale. Con una juventud diezmada por un paro sin precedentes y sin otra alternativa que la emigración, ya me dirán ustedes cómo enfocamos lo de los antisistema. ¿Quién fue el ingeniero de la palabra que se inventó la denominación antisistema? La verdad es que hay que estar ciego o negarse a la evidencia para no detectar que fuera del sistema hay cada vez más gente. ¿No les parece más que una encuesta el hecho de que cada vez que se produce una manifestación de jóvenes en Barcelona, sea por lo que sea, se acaba en quemas, saqueos y destrozos? ¿Acaso olvidan que en esta ciudad hubo un tiempo en que se quemaban iglesias? En las horas libres que les dejan sus múltiples ganapanes institucionales sería bueno que los historiadores de Catalunya explicaran al personal qué era eso de La rosa de fuego, además de literatura para rastas.

Hagamos un cálculo somero. ¿Los del sistema quiénes son? Los trabajadores fijos de empresas con garantía de que sus jefes seguirán con suculenta tasa de beneficios -de no ser así, irán a la calle, y sin trámites, con la nueva política económica-, también los funcionarios o quienes les han creado un hueco en las variadas administraciones, los tertulianos y la gente dedicada al mercado financiero. De seguro que me olvido de algunos. Pero dudo mucho que los demás sean del sistema. Pónganse a pensar, porque el sistema está que sea cae, con una base de sustentación enganchada por las hipotecas.

Que Barcelona tenga el mayor y más agresivo volumen de jóvenes antisistema debería obligarnos a reflexionar si no estamos viviendo en una ficción de sistema, que cada vez suma menos y margina más. Es posible que alguien descubra un nuevo hallazgo del premio Groucho Marx de Sociología Urbana Aplicada y resulte que los mandan de fuera, porque nos tienen envidia, o que son la última operación de sabotaje de los servicios de Madrid para menoscabar nuestro irresistible camino hacia la independencia. ¿Se han dado cuenta de que buena parte de la inteligencia asentada y dependiente de las fuentes nutricias de la administración autonómica se ha vuelto independentista? Han descubierto, dicen, lo de las dos Españas de Machado. Un hallazgo.

lunes, 27 de septiembre de 2010

La Mercè, patrona de las cárceles


Como bien recuerda en su muro de facebook Oscar Fontrodona, la Merced es la patrona de la Instituciones Penitenciarias. El 24 de septiembre es, por tanto, un día para los funcionarios de las prisiones, un día para los reclusos, un día de celebración en las cárceles. No sorprende entonces que esa cárcel de oro y diseño conocida como Carcelona también celebre su fiesta el mismo día. Todos los carceloneses sin excepción salen a la calle ese día atraídos por los innumerables actos festivos y gratuitos. Algunos, los más intrépidos, se acercan a las Ramblas con ánimo aventurero o humor antropológico para comprobar in-situ que incluso los quioscos con animales han sucumbido al caballo del guiri Atila. El arquitecto Oriol Bohigas nos lo cuenta: han sido sustituidos por "unos chiringuitos asquerosos, insultantes, inciviles, que acabarán destruyendo los paisajes aún válidos de la Rambla y que demostrarán que esa Barcelona ilusionada por el diseño, la dignidad del espacio urbano, el tono civilizado de la ciudad, ha muerto aplastada de tristeza, aburrimiento, mal gusto e incivilidad". Me sorprende el tiempo verbal que usa Bohigas. Eso no pasará. Ya ha sucedido. No tiene remedio. Para consolarme voy al cine a ver una peli de época, lo que en Carcelona quiere decir de los ochenta, o sea antes del pelotazo mental de los Juegos Olímpicos. Se trata de El Gran Vázquez, un biopic (cómo me gusta esta palabra) sobre un personaje sensacional: vividor, pícaro, ácrata, libre, un tipo genial como pocos que consiguió vivir siempre cómo le dio la gana. Hacen falta más Vázquez en esta Carcelona cada día más aburrida. Hacen falta más tomas de edificios como la sucedida ayer, en plena Plaza Catalunya. Un edificio que perteneció a un banco y que en los últimos 7 años ha sido vendido y vuelto a vender hasta alcanzar el módico precio de 110 millones de euros. Las viviendas más lujosas de Carcelona se construirán allí pero mientras tanto, mientras dure esta ocupación, podemos ir todos a disfrutar de las estupendas vistas de la ciudad desde su terrado. En la misma plaza, otro grupo de gente se ha puesto el traje de baño (¿se habrán inspirado en Belo Horizonte) para protestar contra los paraísos fiscales. Con 4 millones de parados, lo extraño es que no surjan más iniciativas como ésta, ni que sea por aburrimiento. Tal vez ya no quedan ganas ni de divertirse. Tal vez la mejor opción sea emigrar. Muchos lo estamos pensando.

Esta semana tenemos el placer de contar con Juan Gelman en Carcelona. El martes recitará sus poemas acompañado al bandoneón por Rodolfo Mederos y el jueves hablará con sus lectores en nuestro pequeño auditorio. Toda la agenda aquí. Y todo mi pensamiento en esta frase de Cecilia Pavón: "Sentir (con mayúscula) es algo muy complejo que debe diseñarse y llevarse a cabo con delicadeza y rigor". ¿Será verdad? ¿Seré capaz? Preguntas...

ya que navegas por mi sangre y conoces mis límites y me despiertas en la mitad del día para acostarme en mi recuerdo y eres furia de mí paciencia para mí dime qué diablos hago por qué te necesito quién eres muda sola recorriéndome razón de mi pasión por qué quiero llenarte solamente de mí y abarcarte acabarte mezclarme a tus huesitos y eres única patria contra las bestias el olvido
Juan Gelman

jueves, 23 de septiembre de 2010

la doble moral y los toros


El mismo Parlamento que hace dos meses decidió prohibir los toros con argumentos supuestamente "animalistas", o sea la crueldad, la sangre y todas esas zarandajas, que ya bien replicaron Javier Marías o Manuel Delgado, ahora decide proteger los Correbous en aras de una tradición milenaria catalana. Si la tradición es española entonces es salvaje y bestia. Si la tradición es catalana entonces se trata de un acontecimiento extraordinario, propio de las raíces más profundas de Cataluña. Como cantaba Peret, es preferible reír que llorar. Y es preferible leer a Fernando Savater que a Salvador Cardús.

La prohibición, que entrará en vigor en enero de 2012, es para Savater "un recorte de libertad moral". Y añade: "Los parlamentos no están para resolver cuestiones morales. Lo que hay que establecer es un marco legal dentro del cual quepan distintas posturas. Podría haberse instituido una regulación restrictiva, pero no prohibitiva. Se condena una de las morales en nombre de otra. Y eso es lo que hacen las teocracias. Esta es una cuestión de tipo religioso; en los grupos más activos de oposición a las corridas de toros hay una especie de fervor religioso, como es el caso de los que se pintan y se ponen banderillas o van a insultar a los que van a la plaza".

UPDATE 24/09/10

Puro teatro

Si por ventura existieran aún, en algún lugar del mundo, almas cándidas y con el corazón limpio, seguro que hace unos meses hubieran clamado al unísono: "¡Qué país, qué agallas, qué modernidad!". Y hubieran aplaudido a los políticos catalanes por llevar a su Parlamento el debate sobre el sufrimiento de los animales. Enla atmósfera solemne propia de las instituciones, distintas voces se pronunciaron sobre la oportunidad o no de prohibir las corridas de toros, y se preguntaron si es legítimo que el hombre pueda hacerle daño a la bestia en el marco de una representación que forma parte de manera íntima de la tradición de un lugar. Se votó.

Se prohibieron las corridas de toros.

Podía haberse dicho, por tanto, que la fuerza de la palabra y de los argumentos triunfó sobre el ruido estrictamente partidista y las querencias identitarias de los diputados. Se estuviera de acuerdo o no, se tuvieran dudas o se amara la fiesta como la aman los taurinos, hay que reconocer que el Parlamento catalán supo escenificar la vieja ceremonia de los ciudadanos libres

que discuten sobre un espinoso asunto y finalmente se pronuncian tras defender sus razones. Y las razones que se impusieron fueron las que defendían que el animal no debe sufrir de manera gratuita.

Dos meses después, el mismo Parlamento vota para que sigan celebrándose los correbous, otro festejo que hace sufrir

a los toros pero que a diferencia del otro, forma parte de la tradición catalana.

Las almas cándidas y de corazón limpio que habían creído que aquellos debates se referían de verdad al sufrimiento de los animales, y solo a eso, podrían pensar ahora que para nada, que fueron puro teatro. ¿Cómo es posible que la misma Cámara que prohíbe las corridas de toros apruebe la celebración de los correbous? ¿No había sido la cuestión central la del dolor de los animales? Pues no, no se trataba de eso, nunca se trató de eso. Así que tienen razón los que sospecharon desde el principio: no ha sido la Cataluña moderna la que ha discutido sobre los toros, sino la provinciana la que ha manipulado un debate para librarse de unas corridas porque las considera españolas.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Cuando la fiesta nacional yo me quedo en la cama igual


Para cuando me levanto ya han hecho el paripé de la ofrenda floral a Ramón de Casanovas, el numerito musical del Parc de la Ciutadella y apenas queda la manifestación de la tarde con su correspondiente pelea final con los polis. Recuerdo hace años, cuando aún era joven e ingenuo y creía en patrias y naciones, que un once de septiembre se me ocurrió acercarme al Centro y, subiendo por las escaleras mecánicas del metro de Plaza Catalunya, las que salen frente al Zurich, fui recibido con una ristra de pelotas de goma que esquivé gracias a certeros movimientos de cintura. Hoy me quedo en casa y gracias al Facebook y al ínclito David Barba me acuerdo de esta canción de George Brassens que en su día versionó Loquillo: La Mala Reputación. Es 11 de septiembre, fiesta nacional en Catalunya, y como cae en sábado, me compro el ABC, un periódico de derechas, bastante facha en realidad, pero que ofrece este día un aceptable suplemento cultural: el ABCD. Un suplemento en el que nunca saldrá Jimmy Jump, este personaje inclasificable del que se ríen en España mientras en Argentina, o al menos en Radar, le dedican dos páginas a todo color con imágenes de sus memorables hazañas. Jimmy Jump y su barretina. Una barretina casi imposible de comprar en las tiendas de Carcelona en donde lo que vende son los sombreros mexicanos, las camisetas de Custo y las bailarinas de flamenco. Una barretina que paseó Dalí por el mundo. Una barretina que hoy luce de montera el torero catalán Serafín Marín a modo de protesta o reivindicación sobre la catalanidad de los toros. Es 11 de septiembre y suenan Els Segadors en el Nou Camp y yo me quedo callado y tarareo mi canción.

LA MALA REPUTACIÓN
por Georges Brassens

En mi pueblo sin pretensión
Tengo mala reputación,
Haga lo que haga es igual
Todo lo consideran mal,
Yo no pienso pues hacer ningún daño
Queriendo vivir fuera del rebaño;
No, a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe
No, a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe
Todos todos me miran mal
Salvo los ciegos es natural.

Cuando la fiesta nacional
Yo me quedo en la cama igual,
Que la música militar
Nunca me pudo levantar.
En el mundo pues no hay mayor pecado
Que el de no seguir al abanderado
Y a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe
Y a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe
Todos me muestran con el dedo
Salvo los mancos, quiero y no puedo.

Si en la calle corre un ladrón
Y a la zaga va un ricachón
Zancadilla doy al señor
Y he aplastado el perseguidor
Eso sí que sí que será una lata
Siempre tengo yo que meter la pata
Y a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe
Y a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe
Tras de mí todos a correr
Salvo los cojos, es de creer.

Ya sé con mucha precisión
Como acabará la función
No les falta más que el garrote
Pa' matarme como un coyote
A pesar de que no arme ningún lío
Con que no va a Roma el camino mío
Que a le gente no gusta que
Uno tenga su propia fe
Que a le gente no gusta que
Uno tenga su propia fe
Tras de mí todos a ladrar
Salvo los mudos es de pensar.

sábado, 4 de septiembre de 2010

te la vas a comer doblada


A veces me pasa. Sobre todo últimamente. Me pasa: de repente, estoy en Rosario. Aunque físicamente esté en Carcelona, estoy en Rosario. Debe ser uno de los misterios de Rosario, de los que habla César Aira. A veces coincide que estoy de verdad en Rosario, o sea que estoy en realidad allí, en los términos que normalmente se usan para explicar lo que realmente sucede -a pesar de que lo que no sucede puede ser tan real como lo que sucede. Ya lo sabemos. Cada uno crea su propia realidad-. Pero, ¿y la verdad? Ay, la verdad. El caso es que uno de esos días en que estoy de verdad en Rosario, también está el señor Toni Puig, teórico del modelo Carcelona. Un señor que se dedica a ir por el mundo explicando las maravillas de la marca Carcelona. Un señor al que definen como “gurú” (lo pongo en comillas porque el corrector del word no admite la palabra) de las ciudades. Un señor que inventó el concepto marca ciudad. Tremendo invento, pienso, mientras me cuentan que el gurú se enorgullece de su pasado libertario -fue unos de los fundadores de Ajoblanco- en la misma charla en la que afirma, encantado de haberse conocido, que una ciudad con caca de perro es ideal. Dejo aquí el link donde un porteño le contesta con cifras e inteligencia. Y es que mientras el gurú viaja a costa del herario público carcelonés para decir sandeces como ésta, sus congéneres del Ayuntamiento, esos que buscan “la excelencia”, llenan la ciudad con carteles en los cuáles se pide a los guiris que por favor: “please, do not defecate”. O sea, que quede claro, una ciudad con caca de perro es ideal pero una ciudad con caca de guiri es un asco. Obvio. Ahora entiendo lo del modelo Carcelona. Se trata de la primera ciudad que se ve obligada a poner carteles para que sus turistas, esos que llegan a Carcelona por “su encanto natural” como dice el gurú, no caguen en la calle. Lo peor de todo es que cuando no están cagando están de “balconing”, y el balconing, cuando sale mal, deja el suelo incluso más asqueroso que después de una cagada. Por la sangre y las vísceras, claro. Por suerte, otra gurú, la hermana de la princesa, Telma Ortiz, está de gira por China, con el loable objetivo de conseguir turistas chinos para nuestra cada más vez más sucia ciudad. Los chinos escupen en la calle, eso sí, pero visto como está el patio, es un mal menor. Lo explica de maravilla Antonio Baños en el Pravda, quiero decir en Público. Força Telma!

A los rosarinos se la quisieron meter doblada. No se dejaron. Lo sé. En Rosario prefieren los misterios a las marcas, las pinturas a los spots y los artistas a los diseñadores. Y luego llega Aira y escribe esto.

“... Y como si la palabra (nunca) se materializara frente a él, vio avanzar hacia la escalera a un ser inexplicable.
Era una negra. Una negra africana, corpulenta, sensual, con unos pies enormes (parecían patas de rana para nadar) la mota voluminosa, los ojos negrísimos entrecerrados, los labios gruesos como dos almohadones, las caderas de dos metros de diámetro, el bamboleo casi demasiado fluido. Metía miedo. Era la supermujer salvaje.
¡Una negra en Rosario! ¿Sería una becaria? En la Argentina no hay negros, y en Rosario menos. Y sin embargo, aquí estaba. De pronto Giordano, hacia quien se dirigía la negra como una marea, pensó que nunca antes había visto a una negra, a un negro en general, salvo en las películas, o en fotos, o viajando; nunca en la realidad. Y lo asombroso era que él sentía anticipadamente que la conocía, que él también podía hablarle, responder, acordarse.
- Hola Alberto.
- Hola Sam... dra.
Por un momento, estuvo a punto de decirle Zambomba, que era el apodo con que la llamaban a sus espaldas. Era Sandra, por supuesto, Sandra, que además de ser la única negra que conocía, era una distinguida colega suya y su mejor amiga. Formaba parte de un grupo de tres monjas misioneras que habían venido de Costa de Marfil hacía años, habían aprendido el idioma, adoptado la nacionalidad, colgado los hábitos, y se habían hecho rosarinas (aunque una de ellas vivía en un pueblo a cierta distancia). Las tres se habían casado, Sandra con un músico de rock, y un año antes de estos sucesos habían fundado una editorial. Eran jóvenes, entusiastas, y laboriosas. Y Sandra descollaba en teoría literaria, pero, humilde como era, se declaraba discípula de Giordano.”