jueves, 28 de junio de 2012

Carcelona y la educación en España

Santiago García Tirado escribe en sigueleyendo.es este análisis de Carcelona que supera todas mis expectativas. Carcelona es una obra a la que le sobran motivos para ser considerada sexy. Entre ellos, el olfato con que Marc Caellas ha seleccionado citas de otros autores. Podría extenderme hablando del libro, de Barcelona, de la grima condal, pero ya me he explicado antes en otros sitios. Advierto: quien se acerque al libro pensando en encontrar un digest sobre la ciudad se va a llevar un buen chasco. El precio irrisorio de su versión digital es otro elemento que puede inducir a equívocos. El repertorio de temas, el acumulo de datos y referencias a hechos recientes, la destreza con que Marc Caellas condensa en muy pocas páginas un más que solvente análisis de la ciudad, dotan a la obra de un atractivo irresistible. Se acaba en el culmen del placer, y ni siquiera consuela fumarse un cigarrillo. Hoy Carcelona me ha llevado al tema de la Educación, en general, la de la Carcelona original y la del resto de la cárcel ibérica. A su estado de desintegración actual, antes de haber llegado nunca a nada. Todo a cuenta de una cita que recoge en el primer capítulo, Carcelona rules. Marc Caellas cita a Foucault, y Foucault cita la educación. Yo me paso el día hablando de educación. Trabajo en educación, de ahí que (han acertado) sea uno de esos seres melancólicos con déficit prematuro de libido y tendencia a llorar por los rincones. Foucault dice ahí (y no dejen de tomar nota de la atemporalidad con que se expresa): “Cierto significado común circula entre la primera de las irregularidades y el último de los crímenes: (…) es la anomalía; esto es lo que obsesiona a la escuela, al tribunal, al asilo o a la prisión.” El análisis es válido, por encima del tiempo transcurrido. El diferente, el de comportamiento extraño, el que no sigue a la masa tiene que ser sometido, domesticado: educado. El problema que encuentro en la actualidad es que los estados han ido afilando sus herramientas hasta alcanzar niveles de sofisticación y cinismo alarmantes. Yo soy miembro de la comunidad educativa de un estado. Luego tengo que confesarme: Soy agente de una descomunal y soberana estafa llamada “Educación Española”. Les explico mis funciones: entro a clase, conecto la luz, paso lista, explico un tema (pongamos: “diferencias entre los morfemas flexivos y derivativos”, un peliculón), me aseguro de que nadie ha sufrido una crisis hepática en los últimos 50 minutos, despido la clase, apago la luz. Un compañero o compañera los recibe en otra clase, y así hasta siete veces en un día. Los padres agradecen esta labor social, ya que en esas cinco horas sus chicos han estado bajo custodia y no ha habido que preocuparse de ellos. Fuera de esa digna contribución al orden social, mi trabajo consiste en asistir a reuniones, rellenar impresos, explicar a los padres cuando vienen a consulta que su hijo o hija es normal, adolescente con lo que eso implica, pero normal. Y así colmo de alegría a cada una de esas familias. Ya está. La escuela que surgió en los primeros años de democracia, con su habilidad para crear debate, potenciar entre los alumnos el espíritu crítico, enseñar la importancia del respeto a la opinión ajena, dotar a los estudiantes de herramientas para elaborar juicios propios (y no juicios dirigidos), todo eso ha quedado en el camino. Como lastre inútil. Unos le dieron prioridad a los aspectos utilitarios de la educación (lo que tiene salida laboral, lo técnico y/o científico); otros, a la eliminación de cualquier concepto que no fuese materia examinable. Ética, debate, información abierta, análisis: todo sonaba ya a subversivo. A rojo. A enemigo de la patria. Su patria. Y así de gozosos hemos llegado hasta aquí, a este año 2012 que Foucault ni hubiera llegado a columbrar. El año en que el alumno diferente ha dejado de ser un peligro porque está debidamente narcotizado; el profesor diferente, amordazado y advertido; el colegio diferente por fin desahuciado y puesto bajo control. Es un clima maravilloso para seguir operando la involución fascistoide, reduciendo costes, hipotecando el futuro de generaciones, y todo ello con cargo a una crisis de la que nos quieren convencer de que llegó una tarde de primavera, irremediable como una gripe. Pero la hipoteca es otra. Es la hipoteca de una ciudadanía sin criterio, que no ha ejercitado el sentido de la discrepancia. Que ni se plantea una rebelión, porque ni sabe que la rebelión es posible, y es plausible. Toda una generación que pasó por nuestras aulas y a las que ya ni se les planteó la posibilidad de un espíritu crítico. Es el saldo de 35 de años de democracia en los que la Educación fue huyendo de sí misma hasta olvidar su función. Y eso es lo que sobrecoge de Carcelona, que habla de una ciudad que es epicentro y síntoma de algo más grande, mucho más preocupante, que se llama España. Un país donde, ya ven, se golpea duro y a continuación se amenaza a la ciudadanía para que siga su camino, y en silencio. Lo otro, el derecho a la discrepancia, es cosa de alborotadores, insociables, violentos. Es cosa de los distintos. Y que una parte tan grande de la población acepte que esto es así, porque no puede ser de otro modo, significa que los que enseñamos hemos cumplido muy bien nuestro trabajo. Marc Caellas también cita a Thoreau: “Bajo un gobierno que encarcela injustamente a cualquiera, el verdadero lugar de un hombre justo es también una prisión”. Ahí lo tienen, implícito, el próximo paso que nos espera en esta maravillosa España Democrática. Educación Española hace pueblos felices.

lunes, 4 de junio de 2012

guiris listillos

Gracias al subversivo que se esconde en Tienda Derecha, me entero de las actividades de este súbdito de la reina de Inglaterra. Parece ser que, ante la falta de oferta "oficial" (el tema no debe gustar a los artífices de la marca Carcelona) el tal Lloyd les cuenta a los guiris interesados su visión de la Guerra Civil. La noticia sale publicada en El Periódico. Barcelona condena al turismo de la guerra civil a la clandestinidad CARLES COLS BARCELONA Berlín tiene el Museo de la Stasi, que exhibe de todo, incluso esos sobrecogedores tarritos en los que la policía de la RDA guardaba prendas con el olor de los sospechosos por si un día sus perros sabuesos tenían que seguir un rastro. Israel está que se sale con la exposición que ha organizado con el material que el Mosad empleó para capturar a Adolf Eichmann, como la jeringuilla con la que le mantuvieron sedado para sacarle con disimulo de Argentina. Del Museo de la Guerra de Londres no puede decirse más una cosa: hay que ir. Barcelona, a su bola como siempre, no tiene ningún museo que retrate los años en los que la ciudad fue la portada de la prensa de más de medio mundo. No. No fueron los Juegos Olímpicos. Fue la guerra civil, un gancho turístico que Barcelona ignora para alegría y estupefacción de personas como Nick Lloyd, un geógrafo de Manchester que se ha reconvertido en uno de los poquísimos guías de la ciudad que organiza rutas por las trepidantes historias que sucedieron en la capital entre 1936 y 1939. Esto es, pues, un relato sobre lo que hace Lloyd para ganarse la vida y lo que no hace Barcelona no se sabe muy bien por qué. Plaza de Sant Felip Neri, que conserva aún las cicatrices de los bombardeos. JOSEP GARCIA Más informaciónJunto a un hotel de lujo, una placa recuerda a NinUn local de la calle Guifré acoge a los héroes del aireLa Tranquilidad, el local que rifaba pistolas StarTags: Barcelona Edición Impresa Versión en .PDF Información publicada en la página 42 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 03 de junio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF) Unos ocho millones de turistas visitan cada año Barcelona. La arquitectura lisérgica de Antoni Gaudí y el gótico local de corta y pega son sin duda las principales atracciones. Pero ocho millones son muchos millones y, entre ellos, como atestigua Lloyd, muchos vienen en busca del eco de las emociones que vivió en la ciudad George Orwell, por ejemplo. Homenaje a Catalunya, una obra tan extraordinaria como molesta, es para esos viajeros poco menos que el mapa del tesoro. «Esta semana he tenido a un grupo de canadienses el miércoles, y el viernes a unos escandinavos», repasa Lloyd. En fechas anteriores, un poco todo. Exbrigadistas internacionales, hijos y nietos de exbrigadistas internacionales, holandeses, australianos, un par de veces albaneses y, ocasionalmente, catalanes. Lloyd, hay que reconocérselo, se ha montado un buen negocio gracias a la incapacidad de los catalanes de echar la vista atrás sin pelearse. Tras 20 años en la ciudad, ha sacado sus propias conclusiones. «Barcelona solo tendrá un museo sobre la guerra civil si todos las partes interesadas, que son muchas, aceptan que tendrán que ceder en sus puntos de vista», sostiene. Es más o menos lo que intenta hacer Lloyd cada vez que recibe a un grupo. Si los visitantes llegan fascinados por el anarquismo que Orwell retrata en las primeras páginas del libro («por primera vez en mi vida me encontraba en una ciudad donde la clase trabajadora llevaba las riendas... parecía una ciudad en la que las clases adineradas habían dejado de existir»), Lloyd subraya en algún momento del paseo los desmanes del anticlericalismo. Solo una selección de las portadas que la prensa internacional dedicó a esa cuestión en 1936 merecería ya una sala en exclusiva en ese inexistente museo de la guerra civil. Los rojos crucifican a las monjas, exageró en portada el sensacionalista Daily Mail. Barcelona, sin embargo, prefiere conformarse de momento solo con darle unas pocas pinceladas al lienzo de lo que aconteció en sus calles. Se pueden visitar un par de refugios, alguna batería antiaérea, el Fossar de la Pedrera... Efectivamente, en esencia solo recuerdos de la resistencia de la ciudad ante el fascismo y muy poco de cómo la retaguardia terminó por degenerar en un brutal pandemonio. De hecho, el propio Orwell ha sido víctima de ello mucho más allá de lo imaginable. De entrada, en vida tuvo serios problemas para publicar Homenaje a Catalunya porque los editores de izquierdas consideraban que era una obra inconveniente. Cuando murió en 1950 aún no se habían agotado los 1.500 ejemplares de la primera edición. Después, el libro funcionó con ventas millonarias en todo el mundo, pero en Catalunya no se publicó la versión sin censuras hasta... (un breve suspense no está de más aquí en este párrafo)... el año 2003. MONUMENTO OPINABLE / Aunque sea solo una casualidad, ese es el año en el que Barcelona demostró hasta dónde está dispuesta a llegar en el recuerdo de su pasado más reciente. No muy lejos, sería la conclusión visto el monumento que se inauguró en abril de ese año en la Gran Via en recuerdo a las víctimas de los bombardeos que sufrió la ciudad durante la guerra. Se titula Encaix. Está a la altura del interés con el que el Museu d'Història de Catalunya despacha el capítulo dedicado a la guerra civil. Vean, visiten y opinen. Encontrarán el breve repaso sobre esa contienda bélica como un subapartado dedicado al primer tercio del siglo XX titulado Los años eléctricos. Así las cosas, Lloyd y poco más es lo que Barcelona ofrece para recordar a pie de calle aquellos novelescos pero reales tiempos en los que el Hotel Continental daba cobijo a «periodistas extranjeros, sospechosos políticos de todas las tendencias, un aviador estadounidenses al servicio del gobierno, varios agentes comunistas -incluido un ruso muy gordo de aspecto siniestro, de quien se decía que era un agente de la OGPU, conocido por el sobrenombre de Charlie Chan y que llevaba al cinto un revólver y una pequeña granada-, algunas familias de españoles acomodados que parecían simpatizar con los fascistas...» o cuando «en una ventana próxima a la penúltima letra O del enorme rótulo del Hotel Colón había una ametralladora capaz de barrer la plaza con mortífera eficacia» para dar caza a los anarquistas durante los convulsos incidentes de mayo de 1937. Son dos fragmentos de Homenaje a Catalunya, sin duda una mirada parcial de todo aquello cuanto ocurrió, pero como mínimo una mirada que, desde el punto de vista turístico, Barcelona, con ocho millones de visitantes al año, se resiste todavía a ofrecer.

jueves, 17 de mayo de 2012

Carcelona digital

Es un honor formar parte de la colección Husos, en sigueleyendo.es Gracias Cristina, Txiqui, Óscar y al resto de la banda Carcelona digital ya disponible

martes, 1 de mayo de 2012

volver a carcelona

Mi amigo Ginés Alarcón me entrevistó pocos días antes de partir hacia Kosovo. Éste es el resultado. Vale la pena darse una vuelta por su Torpedone Capri. Marc estaba ayer en Bogotá, donde ha dirigido Las Listas en el Festival Iberoamericano de Teatro, pero luego volaba a Caracas. Es difícil seguirle la pista, así que aprovechando su última visita a Barcelona, quedamos para charlar sobre Carcelona (Melusina, 2011). El blog que luego se convirtió en libro. Un ensayo que despeja dudas, lúcido y divertido, entre los que creemos que algo va mal en la mejor ciudad del mundo. Esta semana estará disponible en formato digital en Sigueleyendo.es Vuelves a Barcelona, pero solo dos semanas… Como no estuve cuando se presentó Carcelona, y mi hermana está embarazada, me apetecía venir. Pero a los cinco días ya me estaba arrepintiendo porque podría estar en una playa tocándome los huevos. Carcelona ha tenido buena acogida… La verdad es que sí, ha habido buenas reseñas, excepto en la prensa generalista, porque es precisamente lo que uno critíca. Pàmies… Pàmies me daba un colleja. Él decía que a tí mismo se te podrían aplicar algunas de las cosas que criticas. Claro, que yo me podría exigir más. Pero venía a decir que el libro le gustaba hasta que criticaba a los de su gremio. Me pareció un poco gratuito, pero hablándolo con amigos, después de leer el artículo, tenían ganas de leer el libro o sea que… La idea del libro parte de tu blog Carcelona, ¿cómo empezó? Después de casi seis años en Caracas, a los cuatro días de volver a Barcelona empecé el blog. El nombre me lo inspiró mi hermana Mónica. Ya se había utilizado por colectivos anarquistas, pero ella me lo recordó: “Esto es Carcelona”. Y el primer post fue a raíz de un viernes que fui a jugar a fútbol sala con mis antiguos colegas. Entonces me acordé de mi infancia marista. Y a ellos los quiero mucho pero se han convertido en muchas de las cosas que… Se han convertido en ciudadanos. Son muy convergents. Hicimos un referéndum en el vestuario y de ocho, cinco votaban a Convergència. Y lo decían tranquilamente, lo cual me parecía sorprendente en gente de 35 años. Porque en mi entorno nadie más tenía ese perfil. Y luego encontraste un hilo para ir explicando cosas. El estilo de foto, texto y fragmento literario, mezclando autobiografía y ciudad, lo empecé en Bogotá, con el blog Inquietudes. Luego lo apliqué a Barcelona, con el matiz de que quiero a mi ciudad, pero vista casi como un extranjero. Además venías casi del Caribe, de la locura latina. Caracas es Caribe, aunque no esté físicamente, culturalmente es Caribe. Venezuela debería estar en los mapas junto a la República Dominicana. Tiene más en común con las islas que con Sudamérica. Quizá la parte andina de Mérida, pero en general, el país en sí, con lo bueno, esa inmediatez caribeña, el hedonismo, y con lo malo, el caos y el desorden, es Caribe. ¿Esa parte negativa del caos no la echas de menos en Barcelona? Por supuesto. Me irrita el orden extremo de aquí. La voluntad de querer controlarlo todo. En el libro hay una cita de Josep Pla que dice que no se puede higienizar todo. Lo importante es que las cosas fluyan. Si se estancan las aguas, se pudren. ¿Ésa es la idea de fondo? ¿El exceso de control? Es una mezcla de excesos, también de buenísmo, estilo socialista, esa idea en plan ONG de que todos podemos hacer algo y limpiar nuestra culpa. Si reciclas ya eres un buen ciudadano y no tienes que pensar que quizás el tema no es reciclar sino por qué cada semana hay que comprar un envase o un teléfono nuevo. Nadie se para a pensar que en lugar de reciclar la botella de Coca-cola, lo mejor sería ir cada día con la misma para que nos la volvieran a llenar. O la gente que pide un carril bici como si eso les fuera a solucionar la vida y sigue teniendo coche. Es esta idea de quedarse siempre a medias, de quedarse tranquilos: Somos civilizados. Esa patraña del seny, de ser assenyats, que se dice aquí. Tú eres crítico con muchas cosas, pero la mayoría de la gente valora que la ciudad esté más limpia, que las carreteras estén en buen estado, que el transporte público funcione… No tienen nada de qué quejarse mientras nosotros nos indignamos. ¿Tiene sentido? Para mis amigos de Caracas o de Bogotá les parece como una pose, porque la ciudad es como dices tú, pero cuando uno se para a pensar en que el metro sea tan perfecto, te preguntas si en cada parada hace falta que haya cinco ascensores. Y ahora te das cuenta de que hay que recortar en sanidad para sostener eso. El otro día iba con mi padre por los Túnels de Vallvidrera y flipé. Parece una película futurista. ¿Hace falta ser tan perfectos? Me dijo que hay un Teletac que detecta cuánta gente hay en el coche. Si van tres pagas menos, y yo decía, ¿pero qué hay que hacer? ¿saludar? Es un invento tan sofisticado que la concesionaria seguirá cobrando para amortizarlo. Es el progreso… Es un falso progreso. Cada vez más gente no tiene trabajo, o duerme en los cajeros, que lo quieren tapar pero lo notas, y hay un mal rollo general que se percibe si vives aquí. A mí lo que me gusta de vivir fuera es que cuando vengo a Barcelona la disfruto más. Barcelona es fantástica para quince días. Siempre gana en las encuestas porque es la ciudad perfecta para ir de visita. ¿A qué crees que se debe este mal rollo de la calle? Lo que hace feliz a la gente en realidad no es el buen estado de la carretera, sino tener una buenas relaciones personales, follar bien, poder tomarse unas copas con los amigos sin pensar que no llega para pagarlas, o el preguntar a alguien en la calle y que no te mire mal porque se piensa que le estás vendiendo algo. Son estos intangibles que aquí cada vez están peor. La no felicidad general de la gente se contagia. Quizá en el Caribe, con esa locura tropical, hay más margen para perderse, pero aquí como ya lo tienes todo, has de llenar las horas, ser el buen ciudadano, el buen marido, y al final acabas… Lo que te hace estar incómodo es que a cada hora del día hay una exigencia. Parece que estés programado para ser de una forma. Por la mañana ver al Cuní o quien toque, llegar al trabajo, saludar a todos, bajar a las once a tomar el café con tus compañeros de oficina con los que no tienes nada en común, y no hablar de nada porque todos están pendientes de si le van a quitar el puesto a uno o a otro. Luego irte a comer esos menús, que en su día eran buenos, pero ahora es como hacer comida mala a propósito, en plan yankee, comer para alimentarte. Luego está el perfil catalán que, comparado con otras regiones de España o del extranjero, también es particular. En una entrevista para Rockdelux, David Rodríguez, de Beef, decía: “Cataluña me parece una paletada. Es una sociedad retrógrada y reaccionaria; España en general me lo parece, y el mundo cada vez más, pero Cataluña me da rabia porque es de donde soy. Se ha perdido el olor a fritanga y la vida en la calle; han sustituido la alegría de vivir por la alegría de ser de un sitio”. Eso conecta con la farsa nacionalista. Que en Barcelona es doble, porque es Barcelona y es Catalunya. La idea de ciudad-marca. Barcelona debe ser de los pocos sitios de España donde no hay tapas. También es cierto que nos referimos a una parte y la tomamos como un todo, que sería Gràcia, Eixample, Raval. Luego cuando voy a casa de mi abuela en Nou Barris veo otras cosas. Yo vivo en Gràcia, y queda algún bar, pero luego vas a la Barceloneta, al Leo, típico bar español de mierda, y haces fotos… Claro, antes de que sea una reliquia. A ver, yo soy catalán, y no voy a dejar de serlo, ni por este libro ni por vivir mil años fuera, pero hay un modo de ser que aquí se confunde. Por ejemplo la perversión del nacionalismo. En España siempre ha habido bromas sobre el caracter de los catalanes o de los andaluces, que precisamente es su riqueza. Y antes se hacía con total naturalidad, se decía que somos tacaños y secos, y lo somos, igual somos más pragmáticos, o trabajadores, que también sería discutible. Pero ahora es una crítica política, de enfrentar. Buena parte de esta culpa es de los propios políticos. Y de los medios de comunicación. Te das cuenta de lo influenciables que somos, cómo gente tan inteligente no sale de ese círculo. Luego están los medios de aquí, si no sales de TV3 o Catalunya Ràdio te encierras en el establishment. En TV3 dedican mucho tiempo en los informativos a los políticos. Yo en otros países no he visto tanto minutaje dedicado a los políticos. Si sumas la información del Barça llenas medio telediario. Y es lo mismo por la mañana, por la tarde y por la noche. Lo sorprendente es que esto acabe afectando a las relaciones personales. Intentas salir un miércoles y te dicen que no, que mañana hay que trabajar. ¿A alguien le ha pasado algo por ir a trabajar durmiendo cuatro horas en lugar de siete? Si lo haces cada día, vale, pero parece la gran transgresión. Se ha perdido la espontaneidad. En Caracas sales a la presentación de un libro y acabas en un fiestón a las 4 de la mañana por las dinámicas que se crean. Aquí nos autocensuramos: “Vámonos a casa, que ya es tarde”, es como si la gente fuera con el freno de mano. Pero si te dejas llevar por esa inercia te alejas de Europa y entras en el descontrol latino… Caracas es el extremo opuesto, porque es una ciudad muy explosiva, pero hay soluciones intermedias, como Buenos Aires, o Sao Paulo, donde hay cierto equilibrio entre el pragmatismo europeo y la espontaneidad latinoamericana. Copito de nieve es un referente de Carcelona… La historia de Copito es un disparate desde el inicio, que lo capturen en la selva y luego lo sienten en una silla del Ayuntamiento. O cuando le obligaban follar para que se reprodujera. Juan Terranova hizo una reseña del libro y explicaba que, cuando fue a ver a Copito, lo encontró lanzando lechugas contra el cristal que le separaba del público. Bueno, yo lo he visto lanzando su propia mierda. Claro, es que de Copito hay imágenes sonriendo, pero después de tanto tiempo llegó un punto en el que debía estar hasta los cojones. Los gorilas (por algo venimos de ellos), tienen una capacidad de raciocinio que el tipo ya debió entender muchas de las cosas y estaba harto de follar, tener hijos y que le dieran yogures desnatados. Toda esa tontería… Es un síntoma. Que también lo hubo con la orca Ulises, las dos celebrities animales que hemos tenido aquí. La orca, por suerte, no cabía en la piscina, y la traspasaron a los Miami Dolphins. ¿Aquí se vive mal? No, a mí cuando me preguntan de fuera digo que yo he intentado siempre pasarlo bien. ¿Hay algo que se pueda hacer más allá de criticar? Lo jodido es que no sé qué se puede hacer. Porque te dirán que criticar está muy bien, pero hay que aportar algo. Lo que se puede hacer es que cada uno, con su actitud, cambie las cosas. Yo en el libro intento obligar a plantear cosas. En algunos casos recomiendo a gente a quien se le debería hacer más caso. Más allá de eso, sobre qué se puede hacer, se trata de educar el pensamiento crítico. Pero es algo que no toco en el libro porque se me escapa y hay que analizarlo bien. Es el tema de la educación pública, como el catalán, que yo soy catalanoparlante y me parece bien, pero eso tapa otras cosas. En los informes Pisa, que no sé qué credibilidad tienen, España sale mal parada y Catalunya peor. ¿Sabes que el quinto nombre de mujer más común en Catalunya es Josefa? Cuando ves que en los referendums solo el 8% de los ciudadanos van a votar te preguntas a quién le importa realmente esto. El otro día Lucía Litjmaer me decía que Barcelona era como una de esas fiestas en las que llevas muchas horas, vas al baño y cuando sales te das cuenta de que estás borracho y toda la gente interesante ya se ha ido. Pero la fiesta sigue y te quedas, y eres consciente por un momento de que es un coñazo, pero qué vas a hacer. De todas las ciudades en las que has estado, ¿en cuál te has sentido más cómodo? Es que yo tengo una incomodidad general, a mí me gusta moverme. Me sentí muy a gusto en Caracas, pero cuando empecé a sentirme a disgusto me fuí y no volvería a vivir allí. Bogotá tiene el problema de la altura. Casi todas las ciudades tienen sus cosas en realidad. No he encontrado la ciudad ideal. Igual no la vas a encontrar nunca. No, pero me iré moviendo mientras tanto. Mi lugar creo que ha de ser aislado, en una isla del Caribe o en el continente, pero al lado del mar, y compaginar eso con alguna ciudad cerca, seis meses en cada sitio. Y quince días en Barcelona. Exacto, para decir hola a mi mamá, que no le gusta viajar. Ése es mi plan, y ya tengo varios lugares localizados. Carcelona (Melusina, 2011) marccaellas.com @mcaellas

jueves, 29 de marzo de 2012

violencia en Carcelona


Me cuentan que la huelga general ha sido un éxito. Algunos querrán desviar la atención de esta protesta ciudadana hablando de la violencia, de los violentos, los anti-sistema. Vean este vídeo y quizás entiendan algunas cosas.

"No ver la realidad es una región de la violencia, quizá la más peligrosa y contagiosa. El 29-M fue, de hecho, un intento colectivo para que un Gobierno observara la realidad. Una realidad absolutamente violenta: la desaparición del Estado de bienestar, la columna vertebral del Estado de derecho. No hay uno sin otro. Y uno está desapareciendo."

El artículo completo, del gran Guillem Martínez, se puede leer acá.

sábado, 24 de marzo de 2012

Teatro vs literatura


Margarita Valencia y Jaime Andrés Monsalve me entrevistaron para Radio Nacional de Colombia. Mañana domingo a las 8 a.m. sale al aire.

EL TEATRO NO PUEDE SEPARARSE DE LA LITERATURA

Este domingo nos acompaña en Los Libros el director teatral y autor Marc Caellas, presente en el Festival Iberoamericano de Teatro con la obra "Las listas".

Nacido en Barcelona en 1974, Marc Caellas es director teatral, bloguero y gestor cultural, aunque él prefiere autodenominarse "activista" cultural. Empezó a escribir su blog "Carcelona" en 2009, después de haber pasado varias temporadas entre Caracas y Bogotá. Al regreso a su ciudad natal, los relatos breves con citas y fotos que conformaban su página web hicieron parte de su primer libro, llamado igual que el blog y editado de manera independiente. “Carcelona es una cárcel mental, es un parque temático, es una cárcel de oro”, asegura.

A pesar de que su libro se inicia con descripciones alegres y un tanto positivas respecto a la ciudad española, página a página va presentando su propia mirada de este epicentro mundial como quien rompe el vidrio de una vitrina y pone al desnudo sus maniquíes. “Barcelona tiene este tema con la moda, y los diseñadores y con lo fashion -asegura-. Si un día sales desarreglado a la calle te sientes mal, porque estás afeando este entorno tan impoluto, porque te han convertido en un extra de esta ciudad de parque temático maravilloso a orillas del Mediterráneo. Allí cualquier cosa hay una norma”. Esa crítica de lo cotidiano y de lo social fue lo que llevó a la editorial Melusina a llevar el blog de Caellas al papel.

El autor catalán es también director de teatro, y eso lo ha traido a la edición número 13 del Festival Iberoamericano de Teatro, donde ya ha prsentado antes obras como “Haberos quedado en casa, capullos”, en codirección con Manuel Orjuela. Caellas acoge el diálogo teatral y lo mezcla con el oficio de escritura, no ya como autor solitario sino como alguien que está en constante diálogo con su entorno. “A mí me interesa mucho la vinculación de la literatura con el teatro, la fuerza de la palabra en la escena, que es un tema que parecía que en los últimos años se había abandonado por culpa de la vanguardia, pero que por fortuna se está recuperando”, comenta.

Caellas dirije este año “Las Listas”, comedia del autor J. D. Wallovitz que se aproxima a la dicotomía presente en el concepto de artista, que se presentará el próximo lunes 26 de marzo a las 8:30 p.m. y el martes siguiente, a las 6:00 p.m. y a las 8:30 p.m. en la Sala Estudio de la Biblioteca Julio Mario Santodomingo.
Este domingo 25 de marzo las 8:00 de la mañana, Marc Caellas es el invitado de Los Libros por Radio Nacional. Allí nos contará sobre todas estas uniones entre la dramaturgia y la literatura.

Los Libros es el espacio de literatura, autores, mercado editorial y fomento a la lectura de Radio Nacional, conducido por Margarita Valencia y Jaime Andrés Monsalve.

domingo, 11 de marzo de 2012

Encierro de huesos


Desde Bogotá, alejado de los barrotes de mi ciudad natal, paso el domingo leyendo y escribiendo.
Hoy, además, husmeando en bibliotecas ajenas, "descubro" a un poeta, Carlos Héctor Trejos Rejes, quién en su corta vida (apenas 30 años) escribió textos como éste.
Lo de los muros (ver imagen) tiene su coña...

ENCIERRO DE HUESOS

No quiero más muros al frente.
He golpeado todos
Y ninguno se viene a pique.
Quiero ver qué hay al otro lado de ellos.
No quiero seguir encerrado
(lo he estado desde niño).
El frío me destroza
Lanzo gritos y sólo consigo que me aturdan,
No se abre la puerta.
A veces pienso que afuera no hay nadie.
Que sólo yo existo
Y mi hogar es justo donde me encuentro,
Sin embargo algo me hace esperar
El derrumbe de mis huesos.