martes 24 de noviembre de 2009

Estaciones


Mañana se inaugura en Casa Amèrica Catalunya una extraordinaria exposición de un fotógrafo mexicano, Javier Hinojosa. Estaciones es su título y las estaciones es algo que he recuperado este 2009, después de más de un lustro sin ellas...

Dialoga con las imágenes un texto de nuestro querido Juan Villoro, amigo de infancia y compañero de fatigas del fotógrafo, del que rescato este párrafo.

"Hinojosa se resiste a celebrar la naturaleza como un retratista de calendarios. No es un cazador de fotogénicos crepúsculos ni enternecedores pajaritos. Desdeña las olas que caen para que aplaudan los bañistas y desconfía del arco iris, ese primer actor que triunfa sin necesidad de paparazzis. Tampoco se solaza en el dramático precipicio o la tormenta wagneriana. Resalta el poderío que el mundo tiene al margen de nosotros. Si acaso se incluye en ese entorno, lo hace en calidad de sombra: retrata su silueta alargada en el suelo. En su meditación del paisaje, Javier Hinojosa revela que lo más inquietante de ese sitio es que alguien haya estado ahí. Remoto, entregado a sí mismo, el territorio es perfecto. ¿Vale la pena intervenirlo? La fotografía anuncia que lo otro, lo ajeno, puede llegar ahí. En cierta forma, es la primera señal de la amenaza."
estación.
(Del lat. stati o, -ÿnis) f. Cada una de las cuatro partes o tiempos en que se divide el año. f. Tiempo, temporada. f. En los ferrocarriles y líneas de autobuses o del metropolitano, sitio donde habitualmente hacen parada los vehículos. f. Punto y oficina donde se expiden y reciben despachos de telecomunicación. f. Paraje en que se hace alto durante un viaje, correría o paseo. f. Estancia, morada, asiento. f. Partida de gente apostada. F. Astr. Detención aparente de los planetas en sus órbitas, como resultado de la combinación de los movimientos propios de los demás planetas con el de la Tierra. f. Biol. Sitio o localidad de condiciones apropiadas para que viva una especie animal o vegetal. F. Rel. Parada en el curso de una procesión. f. desus. Estado actual de una cosa.

miércoles 18 de noviembre de 2009

Aires de Saus

Permiso de fin de semana. Dejo atrás Carcelona. Amanezco en una casa enorme en Saus. Hace frío dentro. Fuera hace calor. En pleno noviembre. "L"estiuet (el veranito) de Sant Martí", según los metereólogos. De veranito estamos. Desayunando en un bar que me encanta. Está frente a la desvencijada estación de Camallera. Mesas de plástico rojo, siempre con restos de comida, siempre con platos abandonados, siempre con algún cenicero lleno con los cigarrillos del cliente desconocido. Los dueños, mal vestidos pero simpáticos, cara de pocos amigos pero serviciales, desordenados pero eficientes. Bocadillo de bull negre. Café solo. Solecito y la parroquia del lugar. Estamos en el campo. Hemos tenido que ir a Camallera porque en Saus, a menos de dos kilómetros, no hay ni un bar, ni un café, ni una tienda. Hay casas restauradas y la Casa, con mayúsculas, de un tal Palmero, artista. Un paseo por Sant Martí d'Empuries, insólitamente vacío en este veranito de noviembre, y en ésas me llama mi padre. Estoy en Santander, me dice. Vuelvo el martes, sigue telegráficamente. Pásala bien. Adeu. No se imagina mi padre lo bien que la paso. En un banco del paseo de L'Escala, con el Mediterráneo a mis pies, y con el Aire Nuestro de Manuel Vilas en mis manos. Qué señor tan divertido este John Vilas. Es tremendo Guillermo Vilas. Mis carcajadas se escuchan en Cadaqués. En Casa Anita incluso. Como pienso tanto en Cadaqués me llama Carolina, a quien conocí en Cadaqués justamente. Me cuenta algo de un Latin Show y me invita a cenar a su casa, con Jordi y otros amigos. Le digo que estoy en Saus y me pregunta si me hago amigo de todo el mundo que tiene una casa en el Empordà. Le respondo que sí, por supuesto. Nos reímos. Jordi no se pone al teléfono porque está atareado con un cordero. Me despido y le adelanto, entre risas, que mencionaré en mi próximo post que su hija suspende educación física. Pensé que ya no suspendían a nadie en secundaria. Mucho menos en educación física. Yo suspendí natación varios años. Le tenía fobia a la natación. Me olvidaba la bolsa con el gorrito, el bañador y la toalla en el autobús. A propósito. Sin que mi abuela se diera cuenta. Me río pensando en mi profesor de natación, un gordito cascarrabias que se dormía en las clases. Me río también con Manuela Vilas en L'Escala. Me troncho con Aire Nuestro. Con Vilas People, con todos los Vilas habidos y por haber. Podría escoger muchos fragmentos hilarantes pero me quedo con éste, con un profesor de Getafe cualquiera, que aparece en una de las notas a pie de página.

"Hay que señalar que Rodríguez Zapatero es profesor de inglés en el Instituto de Enseñanza Secundaria Antonio Machado en Getafe. Cobra 1936 euros al mes, con diecisiete años de antigüedad o de servicio: es decir, cinco trienios y dos sexenios. Lógicamente, no enseña inglés. De vez en cuando les dice a sus alumnos de 2º de Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO): "Hey Babies, I'm Zapatero" y se echa a llorar. Sus alumnos le quieren en español. A una chica le dijo "I love you" y todos le aplaudieron, y luego Zapatero invitó a sus alumnos a un chocolate con churros en el recreo, mientras él -a escondidas, muy a escondidas- se bebía un whisky doble solo. Porque bebe: drinking, dice él. Getafe entero sabe que bebe, sabe que drinking. Pero explícame, qué se puede hacer en Getafe sino drinking. Zapatero dice en sus clases de inglés de 2º de la ESO que España es un país bukovskiano, pero en la sombra. A la luz del día es un país multinacionalista. Pero, claro, qué crédito le vas a conceder a un tipo que drinking..."

domingo 8 de noviembre de 2009

El carril vicio


Qué lejos queda aquel año 92. El año de los Juegos Olímpicos. El año de las Rondas. El año en que se suicidó Urtain. El año en que se jodió Carcelona, ahora lo sabemos. En aquel año Freddie Mercury cantaba con Montserrat Caballé Barcelonaaaaaa. Y uno se ponía de los nervios con los gritos de él, y los alaridos de ella. Claro que mucho peor era el Barcelona tiene poder de Los Manolos. Barcelona es poderosa, Barcelona tiene poder. Lorai-loro, lorai-loro. Seguro que hubo más canciones dedicadas a Carcelona. Algún grupo sueco de colonias en Ibiza. O unos japoneses enamorados de la línea Gaudí. O un cantautor italiano borracho por la Barceloneta... Han pasado 17 años y las cosas han cambiado. The times are changing. Carcelona está de bajón. De resaca. De after decadente. Todo el mundo se mofa de ella. Con lo bien que se está aquí. Con lo genial que es el bicing. Con lo simpáticos que son los guiris. Un grupo alemán, de un tal Mickie Crause (de los Crause de toda la vida) ha publicado un tema que proclama: ¡vámonos de putas por Barcelona! Con una low-cost, por supuesto. Transcribo un párrafo, cortesía de La Vanguardia, periódico serio donde los haya y especialista en la actualidad del ayer.

Ole' wir Fahrn in Puff Nach Barcelona, o sea "vamonos al puticlub de Barcelona")

Vamos al puticlub de Barcelona, ole ole ole ole,

Lesbianas, lesbianas y un poco de maricones, (…)

Follamos aquí, follamos allí, (…)

Desnudas y todas al lavabo de los hombres, (…)

Sé lo que les gusta a las mujeres españolas,

El puticlub de Barcelona nos pone en forma (…)"

Al mismo tiempo, leo en El Mundo Today, ese audaz periódico que te cuenta la actualidad del mañana, que nuestro insigne alcalde ha tenido una nueva idea: el carril vici, de vicio claro. Un carril para ordenar el incesante tráfico de prostitutas (adjunto foto explicativa).

Para acabar una cita del maestro que le escuché a Marc Recha...

"Decía Josep Pla que la sociedad excesivamente higienizada se extingue porque no crea mecanismos de autodefensa. Es un gran error regularlo todo, vallarlo todo. Entonces, el agua se estanca y se pudre. Si no se dejan espacios libres donde la gente pueda pensar, opinar, decidir y criticar, ¿hacia dónde vamos? No podemos acabar viviendo todos en hoteles. Eso es ir hacia la extinción."

martes 3 de noviembre de 2009

Vila-Matas vs Quintero

Los escritores venezolanos se están aficionando a visitar Carcelona. Si hace unos días Barrera Tyszka paseaba tranquilamente por la calle Enric Granados -hasta que un mendigo se le acercó y le espetó un enigmático "tú serás el próximo"-, ahora se rumorea que el escritor venezolano más japonés, el gran Ednodio Quintero, camina estos días a la deriva por la Travessera del Mal. Se dice que Ednodio se prepara para el combate dialéctico que le enfrentará a Enrique Vila-Matas vagando sin rumbo por las estrechas calles del barrio de Gràcia. El ring está preparado, escondido en un entresuelo de la calle Córcega, en los dominios de Casa Amèrica Catalunya. La cita, el miércoles, a las 7.30 p.m. Para calentar motores Enrique publicó el pasado domingo un artículo con sabor a pisca andina, relatando su encuentro con el hombre que expulsó a Zidane. Un encuentro que sucedió en Mérida, en los Andes venezolanos, y que tuvo sus quince minutos de fama en la blogosfera literaria latinoamericana. Un encuentro literario presidido por el mismo Ednodio en el que anunció que se pasaba a la fotografía. En apenas 3 días de mesas redondas, presentaciones de libros y culebrones intelectuales, Ednodio hizo más de 2.000 fotos para que no quedaran dudas de su determinación. A la espera de su primera exposición, sus admiradores nos conformamos con sus relatos, agrupados ahora en una excelente edición de la editorial Candaya, que se presentan mañana en Carcelona.

"El bar, a esa hora, lucía desierto. Los escasos clientes que se inclinaban sobre la mesa de billar y el cantinero atrincherado detrás del mostrador, aparecían bajo mi mirada vidriosa como parte de un decorado artificioso y chillón. La soledad me acosaba por los cuatro costados, y amenazaba con estrechar el cerco hasta dejarme reducido a un espacio ínfimo, semejante a esos círculos de luz que en la tarima de algunos teatros señalan la presencia de un actor. Hienas al acecho, pensé. Probé mi cervza, que se había entibiado, y me supo a orines rancios de yegua. ¡Salud! Ahora sí, me dije, levántate y anda. Me levanté y avancé en línea recta, braceando en la oscuridad."


De Mariana y los Comanches

domingo 1 de noviembre de 2009

¿Dónde van los personajes cuando la novela se acaba?

Una buena pregunta debe evitar a toda costa una respuesta, se contesta a sí misma Dora García en una de sus obras. Quizás se van a una galería de arte. Los personajes, digo. Quizás se van a la galería PROJECTESD. Quizás van a esa galería porque exhiben la exposición MEN I LOVE, de Dora García. Hacen como yo. Tocan el timbre y entran. Atraviesan el portal, tocan otro timbre y entran. Ahí mismo, en los bajos del Passatge Mercader expone Dora sus conceptos. Lo primero que veo es una mesa blanca, tipo Ikea, con un montón de libros negros que en su portada exclaman: robe este libro. Escojo el que está menos alineado y leo Si tiene este libro en sus manos, probablemente se encuentra en una exposición, en una sala dedicada a la artista Dora García. De acuerdo. No lejos de usted se encuentra una cartela en la que se indica que este libro, o más bien una cierta cantidad de ejemplares del mismo, constituyen la obra expuesta. No es así, replico. Lo que indica la cartela es POR FAVOR, NO RETIRE NINGÚN LIBRO. Sigo leyendo. No lejos de usted, igualmente, debe encontrarse un vigilante de sala, que de vez en cuando le lanza una mirada observando sus idas y venidas. Mentira. No hay ningún vigilante en la sala. Si ha abierto este libro y está leyendo estas líneas, sin duda también ha mirado a ese vigilante de sala, esperando descifrar en su rostro bien aprobación bien censura. Repito. No hay ningún vigilante en la sala. Sospecho, sin embargo, de la colocación de cámaras. Miro con disimulo a ambos lados. Estoy solo en la sala. Si continúa leyendo ahora, no sabrá si la ausencia de un gesto significa la indiferencia total, el consentimiento tácito, o si, en este mismo momento, el vigilante se dirige hacia usted para aclararle definitivamente que no puede tocar esta obra. Nada de eso sucede porque, como ya he explicado, no hay ningún vigilante en la sala. Quizás por eso me siento tenso, incómodo, inquieto. Sería preferible, desde luego, continuar con la lectura de esta introducción en otro lugar, es su casa por ejemplo, o en un café; en un ambiente y en una posición más adecuadas a la lectura. Totalmente cierto, sería preferible. Pero sigo aquí, de pie, leyendo este misterioso artefacto. No me cabe duda de que usted ya debe de haber reflexionado sobre lo penoso que es leer de pie y más en una exposición, y este libro, evidentemente, ha sido hecho para ser leído, no tiene otra cosa que texto. Es muy penoso, ciertamente, como tantas las cosas en la vida. ¿Entonces? Vamos, coja este libro, métaselo en su bolsillo, en su bolso, y váyase. Si se atreve. Me atrevo, claro que me atrevo. Cojo el libro, miro a la puerta por si las moscas, y lo meto en mi bolsa marrón. Si no lo hace ahora mismo, va a lamentarlo después; le hará falta regresar de nuevo a este lugar, quizás tendrá que comprar una nueva entrada, y pudiera ser que haya otro vigilante de sala con una actitud más agresiva que el presente. Ya lo he hecho. De una. Me siento bien. Soy un delincuente conceptual. Minimalista, pero delincuente al fin y al cabo. Cuando esta exposición acabe serán raras las ocasiones en que vuelva a encontrarse con este libro en una situación similar. Solo podrá encontrarlo en la librería Section7books en París, sede de la editorial Paraguay Press que ha publicado este libro, y tal vez deberá pagar un precio respetable para adquirir este mismo libro. No pienso ir a París este año. Ni siquiera a Paraguay. Consuélese pensando en que sería un modo honesto de retribuir el trabajo de los autores y respaldar editoriales independientes. A las editoriales independientes ya las retribuyo bastante a menudo, pienso y abandono el lugar dando por terminada esta conversación ficticia con un libro que ya está en una estantería del barco a donde me mudé esta semana, un barco anclado en pleno Eixample, en las alturas de Carcelona.

Es importante la banda sonora...

http://www.youtube.com/watch?v=tTV8PmLu4tc

Por primera vez sentía el miedo de verdad

Y aún entonces ya sabía que no me abandonaría

Y soñé con una multitud siguiéndome

que me gritaba el tiempo no se puede detener

miércoles 28 de octubre de 2009

La sucursal del cielo


Ha estado unos días por Carcelona el escritor venezolano Alberto Barrera Tyszka. Ha presentado un libro de cuentos, Crímenes, que me ha reconciliado con este género, el del cuento, tan difícil. Te voy a echar un cuento, te dice un amigo en Caracas cuando quiere contarte algo. Los libros de cuentos no se venden, ha dicho Herralde esta mañana. ¿Cuándo fue la última vez que compraste un libro de cuentos?, le ha preguntado a Alberto. El problema, según parece, es que el lector que invierte su afectividad en un libro, quiere que dure al menos 200 páginas. Un libro de cuentos es un permanente coitus interruptus, ha comentado un periodista. Crímenes es una excepción a esta supuesta regla. Los cuentos de Barrera se enlazan unos con otros. Una atmosfera caraqueña sobrevuela las páginas. Los finales abiertos sostienen este hilo invisible que las atraviesa. Y es que Alberto es bueno echando cuentos. A pesar de su terror a los adjetivos. A pesar de su intoxicación telenovelera. A pesar del hartazgo antichavista.

Hablando de crímenes, este jueves se inaugura Fotopress09, en el Caixa Forum. Vale la penar ir. Mi amiga Lurdes Basolí presenta su serie "la sucursal del cielo", un estremecedor trabajo realizado en Caracas durante el último año y medio. Si Barrera opta por explorar los efectos de la violencia en la vida cotidiana de la cada vez más indefensa ciudadanía caraqueña, Basolí arriesga el pellejo -y la salud- sumergiéndose en lo lugares donde suceden estos crímenes, explorando entre las ruinas, indagando en el vacío, compartiendo el dolor que provoca esta violencia inexplicable. Como en la imagen que ilustra este texto, en donde los diferentes NO tatuados en las paredes, restos de algún absurdo proceso electoral, nos interpelan. Esos NO son un grito de súplica, un aullido a medianoche, una queja infinita. No más muertes inútiles. No. No. No.

Como escribe Gerardo Zavarce en el texto que acompaña la serie,
"La verdadera tragedia es no tener tragedia. Caracas es una ciudad que no sabe qué hacer con sus muertos, quizás porque nadie está vivo.
"Los ladridos traquetean como descargas de armas automáticas: ¡pa, pa, pa, pa! ¿Quién dijo miedo? Son sólo fotografías, imágenes, representaciones. En cambio, la realidad siempre es más terrible, trágica, terrible, desesperanzadora, contundente. Todo queda claro, no hay cielo que valga, cuando los ángeles portan "hierros de alto calibre" y sus cañones resuenan como flautas.
Al final todo queda en silencio, quieto, como lo afirma el poeta Rafael Cadenas: "...Matamos porque estamos muertos".
Nadie está a salvo, nadie queda inmune, todos somos víctimas y victimarios de una guerra sin bautismo, tal como lo señalan las imágenes de Basolí: "Vivimos una guerra que aún no tiene nombre".

domingo 25 de octubre de 2009

Portbou es un sementerio

¿Quién es Bou? Me pregunta Nyla Bocado en el Talgo que nos lleva a Portbou. No se lo digo porque suena un móvil. Todo el vagón se entera de los problemas de Berta. ¿Por qué la gente grita cuando habla por teléfono? Miro el paisaje. Se transforma lentamente, al ritmo cansino que impone el Talgo. Nuevamente en una frontera. Otro límite. Otro punto especial del mapa: Portbou. En este pequeño pueblo costero unos piratas amigos de Nyla han decidido izar su bandera negra este fin de semana de septiembre. Portbou, festival Surpas. Cultura libre y popular. Es salir del tren, atravesar la estación, descender por unas frondosas escaleras y sentirnos libres. Y populares también. Nuestros amigos piratas han llegado en su velero de juguete y el propio alcalde los ha ido a recibir. Los finlandeses también han tomado Portbou. Algunos para tocar mientras otros vemos Nanook el Esquimal. Grande Nanook. De mayor quiero ser como Nanook, quiero que me muerdan la suela de la bota, quiero que me susurren Uk Uk Uk antes de dormir. Hambriento nos sumamos a la fideuá libre y popular en el edificio de la Aduana, o sea lo que no hace tanto era la aduana de la que no hace tanto era la frontera entre España y Francia, ahora técnicamente diluida en esa comunidad de vecinos llamada Europa. Se está bien en Portbou. Se siente cierta liviandad. Les ha sentado bien soltar lastre, perder protagonismo. Portbou es ahora simplemente un pueblo más de la Costa Brava. El primer pueblo. El último pueblo. Depende de como se mire. Un privilegio de Portbou. Caminamos hacia el puerto y nos cruzamos con el latin-lover, un personaje escapado de una fotonovela venezolana que, guitarra al ristre, ha llegado en auto-stop desde Berlin. Nos cuenta que lo de la guitarra se lo aconsejó un amigo. Para lo del auto-stop. Con guitarra te paran más. El mito del músico ambulante. Como los finlandeses que tocan en la noche. Vienen con todo, o sea con una mezcla de peculiares instrumentos entre los que destaca una cuerda vertical que, del techo al suelo, se convierte en la medida del trance finlandés. Si se tensa mucho la cuerda acaban a golpes, si se afloja un poco, a besos. No hay punto medio para estos piratas del norte a los que la ligera tramuntana de estos días los ha acabado de poner a punto. Nyla Bocado cumple años y nos abrazamos al pino que atraviesa el balcón de nuestra habitación escuchando un Mediterráneo calmado. Dormimos y creo que soñamos con Benjamin. En Portbou todos sueñan con Benjamin. Todo Portbou sostiene la memoria del bueno de Walter. Visita obligada al cementerio. Buscando la tumba del maestro. Nos sentamos en un banco para impregnarnos de la atmosfera, de ese lugar del que Hanna Arendt dijo que era uno de los lugares más extraordinarios y bellos que había visto en su vida. Exageró un poco, sí, pero el lugar es bello, tiene alma. Tanta belleza excita a la siempre voraz Nyla, que en un rápido movimiento se sienta en mis rodillas y me desabrocha el pantalón. Con los pantalones en las rodillas, cruzo mi mirada con una rubia que ha entrado sigilosamente en el ahora sementerio. Nyla me abraza sin moverse. Un instante después aparece el acompañante de la rubia, que retrocede como pidiendo perdón, como si hubiera entrado en la habitación equivocada, como si aquel banco, ya se sabe, estuviera puesto ahí, frente a la tumba de Benjamin, para eso. Sexo y muerte. Al rato salimos del sementerio. Bajamos las escaleras del memorial. Unas escaleras hacia el mar. Unas escaleras sucias. No sé si a Benjamin le hubiera gustado este memorial. Lo que sí le habría gustado, si le hubieran dejado, es tomar un baño en alguna de las calas de Portbou. No me he bañado en una agua tan clara en la vida. Ni siquiera en el Caribe. Desnudos, libres, populares. Seguimos viendo finlandeses por todas partes. Y parejas haciendo el amor en lugares poco habituales. Esta vez es en la plataforma situada a menos de cincuenta metros de la playa. Un tal Pedro y su novia se refriegan, coreados por media docena de incondicionales que les observan desde el chiringuito. Los surpasados los llaman. ¿Qué haremos el lunes, cuando se hayan ido los del festival? se pregunta desconsolado el dueño de un bar. En otro, unos argentinos discuten con unos lugareños. Buena mezcla la de Portbou. Deberíamos convertirla en un puerto pirata. En la sede del partido pirata. Ojo, con los piratas. En Suecia ya son 250.000.

Todo esto ocurrió hace unos meses. Lo recuerdo así. No fue exactamente así pero así es como lo recuerdo. Recuerdo también haber leído un libro de César Aira. Habla sobre los recuerdos, justamente.

"Dijo que se entretenía con los recuerdos. Tirado en la cama mirando el techo, dejaba girar "la ruleta" de la memoria, y donde cayera "la bola" ahí revivía un momento o época de su vida. Lo cual, agregó, podía ser bueno o malo. Por lo general era malo, lo que es coherente con la metáfora porque en la ruleta son muchos más los números perdedores que los ganadores. Pero aún así valía la pena por el placer inmenso que obtenía de los escasos recuerdos felices, cuando el azar quería que salieran. ¡Qué deleite entonces, qué goce, cuánta dicha!”

"lo curioso es que no pensar en alguien o algo, borrarlo, desaparecerlo, no significa olvidarlo. Es como si el olvido exigiera un trabajo especial, de tipo positivo, no negativo como el mero negarse a pensar en un tema. Y creo que yo puedo decir que no olvido nada"